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Madrid 2 de junio de 2002 Su Eminencia reverendísima: Monseñor Manuel Monteiro de Castro, Nuncio de su Santidad en España. Reverendo Hermano Superior General Bernard Couvillion Reverendo Hermano Provincial de España Juan Antonio del Cacho Reverendo Hermano Provincial de Francia Marcel Chapel |
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Estimados directores de los distintos colegios de Madrid. Estimados Hermanos en religión Estimados profesores. Queridos colaboradores y simpatizantes Apreciados padres de familia y Juntas de Apas Amados alumnos y alumnas Estimados Antiguos alumnos Queridísimos grupos Valdeka. Amigos todos. Se me hace un nudo en la garganta decir unas palabras de saludo cuando pienso en el significado real de lo que representan cien años de continuidad en una tarea, por eso quiero, sin declinar esa responsabilidad, poner estas palabras en cada uno de los aquí presentes hacia todos los demás. Os presento el Colegio de Madrid como primer estandarte de una serie de acontecimientos que dignifiquen la memoria de los hermanos que con su esfuerzo y tesón, por otra parte enormes y no siempre bien reconocido, dieron comienzo a una labor que se ha extendido desde hace cien años por diferentes localidades de España. En este saludo de bienvenida entra también una acogida sincera al esfuerzo serio, real y continuado de un gran número de profesores que realizan la labor de la educación desde la perspectiva corazonista. El mundo colegial y en especial el corazonista es para ellos su segunda casa. En este saludo conjunto y unificado de cien laboriosos años, hay una parte importante que les corresponde a los padres y madres, que tras jornadas de dura lucha con un mundo fuertemente competitivo, que tras historias complicadas de atención, dedicación, servicio, responsabilidad y un sinfín de etcs, encuentran momentos libres para volcarse por el colegio, por colaborar en grandes y pequeños detalles por el colegio. Este saludo es un agradecimiento sincero y un reconocimiento infinito a labores calladas, a secretos guardados a excelentes ideas y a intereses sanos por una educación cristiana que dé el sentido correcto a las vidas de sus hijos. Os saludo y quiero, a los presentes y ausentes saludar, con todos vosotros, amigos colaboradores y simpatizantes de esta obra corazonista. Es muy posible que desconozca el origen de dicha colaboración, pero es cierto que en algún momento os encontrasteis con algún corazonista con el que os sentísteis identificados y os llegó al corazón. Tendré que agradecer a ese corazonista su dedicación, pero tengo que agradecer el gran tesoro de tanta disponibilidad y de tanto desinterés. Vaya mi saludo a todos los exalumnos y con ellos saludo a los demás porque su fidelidad al mundo corazonista nos ha conmovido, nos ha tocado el corazón. De acuerdo que los hermanos estemos entusiasmados con nuestros colegios, que queramos que lo sean de todos; pero cuántos momentos de desánimo se han visto superados por una sencillez de opinión, por una encantadora sonrisa del que viene al colegio como a su casa, del que nos pide trabajar para los demás, del que le pide al colegio que le permita seguir desarrollando su personalidad como lo ha venido haciendo desde siempre. No ha mucho participaba en una conversación en la que alguien se quejaba de que le habían robado la mochila en un determinado viaje y que le había desaparecido el móvil y la cartera, que realmente no estaba a gusto con ello, pero lo que no podía soportar era que le hubieran robado la insignia del Colegio. Esto llega al corazón. Finalmente quiero dedicaros un saludo a la par que saludar con vosotros, los alumnos, a los demás, porque si todos los estamentos que he nombrado son importantes, vosotros sois la salsa del Centenario. Ciertamente que a lo largo de estos cien años, nos habéis puesto muchas veces a "cien", pero nadie nos puede quitar la satisfacción de contemplar vuestro crecimiento intelectual, y espiritual; nadie nos puede quitar la satisfacción de ser los privilegiados expectadores del desarrollo de vuestra personalidad y si nos lo permitís un poquito partícipes en la medida de nuestras fuerzas e intenciones, no siempre del todo acertadas. Antes he dicho finalmente, pero ahora sí que lo es quiero con todos vosotros saludar a Dios y agradecerle vuestra presencia de hoy pero también vuestra presencia de estos cien años,. Muchos de nosotros habremos participado en este acontecimiento con uno, dos, diez, veinte o incluso hasta 80 años como es el caso de alguno de los aquí presentes, pero Dios ha estado presente siempre en nuestros corazones y con él hemos sido todos capaces de llegar a inclinar nuestro corazón por aquel que tenemos a nuestro lado. Cristo nos muestra el camino. Hemos aceptado esta invitación continuemos la labor. Soyez bienvenus a votre maison; Benvinguts a casa vostra; Ongi etorri denorik, gure etxea zurea da. Qué bien que estamos todos en casa. Hno. Rafael Hernández. Director del Colegio de Madrid |