Entre los actos programados para la celebración del centenario de la venida a España de los Hermnos del Sagrado Corazón figura el que ha tenido lugar en Alsasua, 12 de octubre de 2002, festividad de Nuestra Señora del Pilar.
Asistieron a este encuentro unas 300 personas, antiguos y actuales Hermanos.


La nota a destacar a lo largo de la jornada fue la emoción reflejada en los rostros de los asistentes ya que algunos de ellos no se habían visto desde hacía 40 años y la mayoría no había tenido la oportunidad de cruzarse en el camino para recordar momentos entrañables desde que decidieron cambiar de rumbo.




La Congregación Corazonista quiso honrar a estas personas que un día fueron miembros suyos enviando desde Roma a tres Consejeros Generales, los HH. Ramón Luis García, zaragozano, Gaston Lavoie, canadiense y Paul Montero, norteamericano. En su discurso, Ramón Luis en nombre de sus compañeros, los otros dos Cosejeros Generales, y como delegado del Superior General del Instituto, manifestó a los antiguos Hermanos que la Congregación quería y debía rendirles este homenaje de agradecimiento y abrazo fraternal.


El director del colegio de Alsasua, H. Miguel Angel Rueda, y el delegado de pastoral y educación, H. Guillermo Maylín, en representación del H. Provincial de España, Juan Antonio del Cacho, de visita en latinoamérica, pronunciaron sendos discursos de acogida y saludo que tuvieron el efecto de abrir los corazones de todos los asistentes dando como resultado el consiguiente desbordamiento de conversaciones jubilosas que hacían referencia a recuerdos de un pasado feliz.



La mañana giró en torno a la eucaristía presidida por el Arzobispo de Pamplona, Don Fernando Sebastián, acompañado de siete sacerdotes. Monseñor quedó vivamente impresionado y así lo expresó en la homilía que dirigió a los 300 asistentes. Dejó claro que era un día de triple agradecimiento: el Instituto daba las gracias a los antiguos Hermanos, éstos agradecían al Instituto su formación, y la iglesia de Navarra con su Obispo al frente agradecía los servicios prestados por unos y otros durante cien años en los campos del apostolado cristiano y de la educación.

Los 300 asistentes que abarrotaban la capilla atronaron el recinto sacro con sus voces bien timbradas pero sobre todo con ganas. Cantaron en latín, castellano y francés, lenguas que habían estudiado en sus tiempos de noviciado en Alsasua.


El entusiasmo y controlado frenesí que todos pusieron llegaron a su cúlmen durante el canto del himno del Instituto: «Ô Coeur de mon Jesus» En el momento de postcomunión, Vicente Tanco se dirigió a sus compañeros con unas palabras cargadas de emoción que impactaron manifiestamente en todos los presentes. Dijo que valía la pena volver a cruzar el puente tendido por los Corazonistas uniendo las dos riberas del río que discurre por la vida conformando entre sus orillas la historia personal de cada uno.




A las dos de la tarde todos se reunieron en una comida de hermandad. Tras los brindis, los Hermanos Corazonistas actuales obsequiaron a sus compañeros de antaño con una carpeta conteniendo objetos referentes al Centenario: una agenda, un vídeo y un vistoso llavero con el escudo del Instituto en el que aparece inscrita la frase: «Educador Corazonista», resumen del carisma de los Hermanos del Sagrado Corazón.




La jornada llegó a su fin y los que acababan de reencontrarse tras largos años de espera se fueron despidiendo con mil promesas de volverse a ver, ¿cuándo?, ¿dónde?.... ¡ Dios lo dirá !.

H. José Javier Olejua